Periódico digital del Norte de Tenerife
Lorenzo de Ara Rodríguez
Lago Martiánez: que hablen los que saben.
Si en una mesa hablan tres, yo casi siempre presto atención a las dos personas que dicen cosas inteligentes. Si una de ellas abre la boca para cagarla, lo más lógico es pasar de esa persona. Ignorarla. Dejarla aislada para que no ocasione más daño. Por lo tan
to, un servidor, cuando tiene que prestar interés, primero agudiza los cinco sentidos y luego atiende con respeto, rigor y un grado legítimo de independencia a las palab
ras que son pronunciadas por los que de verdad saben.
Muchas veces el Lago Martiánez se ha convertido en el lugar ideal para que la familia pasara un día agradable. En sus instalaciones mod
élicas transcurren las horas con calma. Incluso en mi juventud ya disfrutaba del baño y de algún que otro refresco o bocadillo.
Muchas cosas se han hecho rematadamente mal a lo largo de los años. El Lago ha envejecido. El Lago se ha estropeado. La joya de la corona no brilla como antaño.
Muchos dirán que es la lógica de la vida. Y tienen razón. Pero ante ese deterioro y ante el achicharramiento de su prestigio insular, regional, nacional e internacional, los respectivos gobiernos municipales han hecho poco, por no decir nada para recuperar un óptimo nivel de competitividad.
Se ha dejado que la apatía, la desgana, el desinterés, los malos modos y un servicio rácano y carente de profesionalidad se instale en el Lago Martiánez.
El Gobierno actual se encuentra con un problema muy serio. La imagen de la ciudad está de nuevo en entredicho. El prestigio turístico de Puerto de la Cruz vuelve a situarse en el ojo del huracán.
Y al problema grave de un complejo de ocio valioso e histórico, se une otro no menos acuciante; el económico y laboral. No puede ser que un ayuntamiento enflaquecido, enfermo, con las arcas vacías y sumido en un plan de ajuste severo que no termina de zarandear a los más débiles se convierta en el coladero para más favores.
Recapacito y digo: Ay, si Cesar Manrique levantara la cabeza.
El Lago Martiánez tiene solución, seguro. Por esa razón, es menester que hablen los que saben. Llegar a un acuerdo, buscar el consenso institucional y social.
Y cuando digo que dejemos hablar a los que saben, está claro que apuesto por dos personas, no más. Dos personas en el Gobierno local, y todas las que de verdad quieran ayudar en la oposición y en la sociedad portuense.
Porque tres en una mesa son multitud. Más que multitud. ¡Tres en una mesa para hablar del conflicto en el Lago Martiánez se puede considerar una tomadura de pelo!