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Periódico digital del Norte de Tenerife

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PANCHO SALAMANCA

Evaristo Fuentes Melián

 

1EVARISTO FUENTES MELIÁNEn la muerte de Pancho Salamanca –veterano médico ginecólogo orotavense--he de decir que lo recuerdo desde cuando íbamos de juerga a los bailes de las Fiestas Patronales de los pueblos –norte y sur—de Tenerife, en la rubia de Fernando Fuentes Cabrera, en especial en el feliz verano del año 1957. Pancho era de los mayores; yo era el benjamín, el alevín de aquella pandilla; cuando éramos siete, a mi me tocaba, por mi bisoñez, el ‘ahitepudras’, maletero con ventana (eso sí) de la zona de atrás de la rubia de Fernando. Pancho era de los mayores y por su carácter importante tenía madera de liderazgo. Concretamente, recuerdo que en las Fiestas de Tejina, agosto del 57, todos metidos ya en perras de vino, Pancho se puso a dirigir nuestro coro de cantores desafinados y vociferantes, y cogió como estribillo durante toda aquella tarde y noche, una estrofa de zarzuela, género lírico patrio que entonces aún estaba de moda:

“¡A la sombra de una sombrilla…!”

Este es el inicio de una estrofa de la zarzuela ‘Luisa Fernanda’, de la que lo más probable ninguno de nosotros sabía bien la letra completa, que continúa así:

“A la sombra de una sombrilla, de encaje y seda, como es muy queda, canta el amor. A la sombra de una sombrilla son ideales los madrigales, a media voz ...”.

Por aquel entonces, una vez llegué a entrar en su casa, estábamos en copas, y Pancho se puso a saltar sobre la cama de su abuela, que estaba acostada. El dormitorio recuerdo que se ubicaba en la misma esquina de la calle de La Carrera con el callejón, de cuyo nombre no me acuerdo y que ahora está pavimentado con losetas grandes de piedra natural.

Yo ya he dicho que tengo esta afición, la de escribiente, y me considero un escritor del montón, pero no por ello tengo que dejar de escribir. Es para mí como un deporte y, aunque no sea un campeón, no por ello voy a dejar de practicarlo. En estos últimos tiempos, como si la vida fuera una elipsis de película biográfica donde quedan sobreentendidas muchas cosas buenas que contar, me ha dado hasta envidia la manera perfecta en que redactaba Pancho Salamanca; uno de sus hobbies era escribir. Bien pergeñado y bien informado, a la muerte de su hermano menor José Miguel, le dedicó Pancho una impresionante carta de una categoría literaria y sentimental de muchos quilates.

Desde la periferia de las amistades, Pili, lo siento.

Espectador

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