Periódico digital del Norte de Tenerife
La vida del estudiante es dura, pocos valoran sus esfuerzos, sus temores e incertidumbre. En muchos de los casos es la gran preocupación ante la idea del fracaso, los supuestos suspensos… Pero hay que matizar la evidencia de que existen estudiantes responsables y los hay falsos, también, que ni estudian, ni dejan que estudien los demás. Entre ellos hay verdaderos líderes que arrastran a los más incautos hacia el fracaso en los estudios. Y son varios los líderes antiestudiantíles que en distintos colegios esclavizan inseguras voluntades de esos centros educativos. Los más responsables, los estudiosos y ejemplares alumnos, los que asisten asiduamente a las clases con la ilusión de aprender, de poder algún día ayudar a sus padres que tanto han hecho por ellos y les ven ya viejos, cansados y medio decrépitos. Las escasas jornadas que les quedan de vida, poder dulcificárselas, darles algunas horas de felicidad… Esos muchachos, si tienen “capacidad” intelectual saldrán adelante alguna vez. Son aquellos que se les ve venir, como suele decirse, desde lejos. Que en realidad no necesitan tanta ayuda, como son los verdaderamente descarriados e inspiran más lástima por las dudosas causas de las cuales derivan sus lamentables fracasos. Las familias, muchas de ellas, han sufrido y siguen sufriendo quebrantos estructurales y pasionales. En muchos de los casos, parejas con hijos discuten delante de ellos; marginan también a los hijos que en ese turbio ambiente se van desarrollando y muchos llegan a ser potentes delincuentes… Son hijos sin el tan necesario calor familiar, sin esos ejemplos disciplinarios que hacen al hombre o la mujer dignos miembros de una estable sociedad capaz de orientar a sus ciudadanos.