Periódico digital del Norte de Tenerife
Celestino González Herreros
NO SIEMPRE LA OFUSCACIÓN POLÍTICA CIEGA A LOS HOMBRES
Es paradójico, desde todo punto de vista, escuchar decir a un declarado enemigo del actual Gobierno portuense, verdades tangibles; y confieso que ha sido por pura casualidad que oyera decir públicamente, que también se han hecho cosas interesantes en nuestra ciudad turística de Puerto de la Cruz. Señalaba entonces la acertada forma de remozar a varias calles, algunas con perfiles realmente interesantes.
Decía el susodicho sujeto, que le están dando a la ciudad otra imagen distinta, digamos más moderna y atractiva.
Miren como son las cosas, hoy me eché andar por esos ignorados lugares y realmente tenía razón aquel extrañado individuo; y hasta llegué a extasiarme en alguna de ellas. Y es evidente que para conocer las cosas buenas que se han hecho, antes hay que caminar por esos remozados lugares para poder entenderlos. La Avenida del General Franco, ahora cambiada de nombre y que no recuerdo, es otra cosa que entusiasma, pareciera que estuviéramos paseando por modernas Avenidas caribeñas, máxime hallando al final de la misma la histórica Playa de Martiánez.
No olvidemos el remozamiento reciente y su apertura de la Calzada de Martiánez. Primero fue la Calle de La Hoya, cuya imagen ganó considerablemente, luego la Calle Iriarte, siguió la transversal que llega a la de Valois y hacia arriba el camino desde el Chorro Cuaco y otros accesos más. Sin nombrar barrios como San Antonio, La Vera, etc.
Aún hay mucho que hacer, precisamente en esa triste playa que tantos nostálgicos recuerdos nos depara y que no se le ve como era antes y por esos incomprensibles obstáculos, hoy la tengan abandonada desde hace muchos años.
Como no hay donde aparcar los coches y demás vehículos, para bajar y disfrutar de ella, es obvio que a las personas de edad avanzada se les haya prohibido gozar de sus excelencias. Ni a las personas mayores ni los jóvenes y niños. Así pues, siempre está tan desértica. La desordenación urbana del citado lugar amerita una rápida y necesaria acción: restaurarla y el entorno y acceso a la misma, según se ha transformado la antigua Avenida General Franco, con ese mismo estilo. Asimismo no quedaría tan despreciable cambiar toda la Avenida Colón por un ameno paseo a todo lo largo, desde el Acantilado de Martiánez hasta llegar a San Telmo y seguir hasta la calle Santo Domingo, con un alineado de palmeras, bancos para descansar y los respectivos negocios y viviendas a un lado de la misma si fuera posible. Un pavimento cómodo y las correspondientes infraestructuras para facilitar a las personas impedidas o simplemente, mayores de edad, el liberarlas de todo obstáculo; y aquellas rampas necesarias para conducir sus sillas ortopédicas.
La calle Mequínez llevarla hasta la de Santo Domingo, pasando por El Muelle; y el mismo tratamiento alrededor de toda la Plaza del Charco. Palmeras, muchas palmeras y flores… No sé si nos alcanzará el dinero para tanto, pero es cierto, con buena voluntad y perseverancia, como se ha hecho hasta hoy, y a la vista está, se pueden lograr sorprendente transformaciones y poco a poco nuestra ciudad, sin perder sus encantos naturales, iba a gustar más cada día. Por supuesto, y agradecerle al señor que me inspiró este sencillo escrito, el haber sido tan honrado al ver con buenos ojos y su voluntad altruista, las mejoras que se han logrado en Puerto de la Cruz. Sin fanatismos políticos ni burdas pasiones; también los ojos de su alma han sido fieles observadores del constante esfuerzo que, supuestamente, haya ejercido nuestra Corporación en este caso que nos ocupa, que habrán hecho tanto como se ha podido. Que hay muchas faltas por corregir, nadie lo niega y menos yo. Tampoco se oculta el buen deseo de poder complacernos a todos de la mejor manera posible. Y que conste, no le estoy dorando la píldora a nadie. Sólo pretendo dejar al descubierto la evidencia misma, para que la confirmen aquellos escépticos que no creen en las posibles reformas cuando estas son necesarias. Estas son otras reformas, no aquellas discutibles, según desde la óptica como las miremos. Además, ¿qué sé yo de urbanismo y mucho menos de política? Claro que, uno tiene sus gustos y apetencias, eso no me lo va a discutir nadie.