Periódico digital del Norte de Tenerife
Eras tú la suave brisa
de una calurosa tarde
eras ese gran alivio
de un dolor insoportable.
Fuiste esa tierna caricia
qué hace la vida agradable,
fuiste un hermoso sueño
qué albergó mi corazón,
eras la luz de esperanza
en mí perdida ilusión.
Cuál oasis en el desierto
qué calmó mi sed un día,
fuiste tantas, tantas cosas,
qué contarlas no podría.
Más hoy con pesar confieso
qué aquello qué yo sentía,
tan hermoso qué creía
era totalmente cierto,
se transformó todo esto
en horrible pesadilla.