Periódico digital del Norte de Tenerife
Celestino González Herreros
Mirando al mar la espera desespera últimamente al viejo. Le ha dado por eso, ir y acercarse lo más convenientemente para sí, a la orilla de la playa, entre el mar y su constante obsesión. Y dejar libre su pertinaz mirada que vuela ilusionada sobre el mar, buscando, ¡quién sabe qué! Algo que haya perdido… Y por la expresión de sus agónicos gestos, es evidente que le mueve la añoranza en tantos desilusionados y tristes momentos de esas resignadas esperas…Algo que no alcanza o no acaba de ver.
Curiosamente, cada uno de nosotros, hemos perdido algo que representó o aún representa un motivo sentimental, cuando no es posible alcanzarle, si existiera la duda o la creencia de que pueda aparecer, alejado de sus aventuras juveniles y quiera volver al lugar de su partida, donde sus seres queridos le dieron aquel triste día la penosa despedida, al dejar la tierra que nos vio nacer, como una promesa indeclinable: volver algún día.
Pero los años a veces pasan casi sin darnos cuenta, veloces y escurridizos, para evitarnos y sorprendernos luego en distintas circunstancias.
Mas, el viejo sigue emocionado, con su estática mirada, acariciando cada movimiento de las inquietas mareas y las olas elevadísimas, alguna, cuando crecen y con su peculiar furia arremeten contra todo en clara rebeldía, escudriñando las movedizas aguas, muchas veces crueles confidentes del triste acontecer.
El tiempo desapacible del crudo otoño no le impedía estar allí, esperándole cada día y la sentía, oía sus pasos y hasta percibía su aliento como un soplo de aire tibio que le acariciaba; y se frotaba las manos ilusionadas. Le llamaba y nadie le respondía, sólo sí, se oían, voces lejana, casi imperceptibles, que llegaban hasta la orilla en la playa solitaria. Más, seguía mirando al mar desesperado, sin preocuparle la gélida brisa que atenazaba su curvo cuerpo, encorvado por los años y maltratado ahora con la pérdida de su amada compañera que no se resignaba haberla perdido. Pensaba que tal vez estuviera allá, en la otra isla esperándole.