Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuentes Melián
Los extremismos absolutistas, fundamentalistas, las opiniones y modos de pensar que no admiten otras ideas, son siempre reprobables. Transcribo una frase de un artículo reciente de Vidal- Folch:
“La ‘pertenencia’ a un sitio es una carga más o menos leve, y la identidad (…) un concepto funcional sólo en lo relativo al DNI, no una categoría filosófica seria”
Yo ando en esa línea, si entendemos por “sitio” la vasta dimensión, personal y sentimentalmente inabarcable, de una extensa región, de un país, de un continente…
En resumen, soy partidario de los versos de Estébanez, don Nicolás:
“La patria es una peña, la patria es una roca, la patria es una fuente, la patria es una senda y una choza.
Mi patria no es el mundo; mi patria no es Europa; mi patria es de un almendro la dulce, fresca, inolvidable sombra”.
Mi patria, la patria de quien suscribe, es la casa y la finca donde nací, incluido el barranco que la limita por el este, en la Villa Arriba de La Orotava; y la playa portuense de Martiánez, que era la playa veraniega de la gente de la Villa; y más luego, la casa donde hoy duermo en el Puerto. En aquel barranco hay rocas, sendas y chozas (cuevas); en la finca, almendros y otros frutales; y en el límite de Martiánez había una fuente natural en el acantilado, al que llamábamos ‘la fuga’…
Mi patria es todo esto y poco más. ¡Ah! Se me olvidaba: mi patria es también La Laguna, en mi etapa de estudiante, con sus lloviznas horizontes, esperando la guagua del Norte bajo las palmeras cimbreantes de la catedral. ¡Ay!
Espectador