Periódico digital del Norte de Tenerife
Ramón Navas
Partido Revolucionario Patria.
25 de Diciembre. 2011.
Las revoluciones, comienzan con un marcado y delicado susurro de una Idea de que algo no está funcionando como debía o se planteaba que iría corriendo en el país, en la vida económica, social y política. La estrechez de los derechos para los más y lo dimensional por quienes (los menos) controlan lo que debiera ser de un todo. Económica o políticamente. Quienes primeros olfatean que los aires no son los que debieran ser; son los jóvenes, que receptores de unas medidas o leyes que los quieren limitar en sus funciones socio- económicas, educacionales y finalmente profesionales , valorizan y engrandecen esos susurros protestantes de la Idea para luego dar comienzo a esas misteriosas e intermitentes convulsiones de protestas públicas y luchas callejeras e intrigas a base de secretos susurrados, ( la discusión de la Idea, de forma conspirativa), que logra que las fluctuaciones de las insondables mareas del poder, se desarrollen por fases, involutivamente para ir despersonalizando, poco a poco, uno a uno, los dioses de barro y de fantasías engañosas. Un Partido, es dictadura, dos; compartimiento de la dictadura, tres; puede ser estabilidad; cuatro o más, desenfreno de la ambición personal, sin importar el pueblo. Luego, esos jóvenes son, realmente, quienes sin quererlo en muchas ocasiones, producen los levantamientos para despojar a quienes los despojaron a ellos del poder de ejercer las limitaciones en un marco social predeterminado por la condición de ser Humano idealista o materialista, integral. En el embrión de las revolución, imprevisible de pacifismo o no, aplaudiendo que las iglesias ayuden- que modernamente lo hacen-, en la gestión, la primera fase popular, es la del aumento y diseminación de la Idea que debe desembocar en protestas populares, en ocasiones acéfalas de persona pero, con una Idea de protestar lo malo, incluso, no despreciando y utilizando pequeñas oportunidades legales que siempre brindan, queriendo o no, las dictaduras; la segunda fase de una revolución es la previsión e inteligencia por parte de la revolución para aminorar o soslayar la inminente represión despótica que se desarrollara por aplastarla, de los "conductores” de esas limitación hacia el pueblo, dictadores o usurpadores del poder; y la tercera es la de la supervivencia y el impulso creciente de la revuelta, hasta desembocar en la caída del tirano si pierde el apoyo de su corte, corte inobjetable e inseparable; no importa el tamaño, utilizando el arma directa de la llamada a una nueva reglamentación desconociendo de inmediato los factores anteriores que violaron o implantaron las limitaciones.
La primera etapa, la base, la Idea, es la más constructiva y la más emocionante para los jóvenes participantes, la que fluye en su espíritu e inunda la sociedad, un material digno de cualquier resolución mística mundial o cubana, pero suele ser la menos importante para muchos políticos de corte costumbristas o pacifistas en el mundo actual. Las revoluciones no terminan casi nunca como parecen empezar, y las consecuencias siempre pueden ser totalmente distintas de las intenciones de los revolucionarios, lo que no significa que se le puede o debe tener miedo a una Revolución por nacer. Pueden tardar años, en aparecer, no meses o días; como muchos sesudos de la payasada auguran en el caso cubano pero, lo que importa es quién controla a quién al final. La esperanza es que sea el pueblo cubano, el que de verdad acabe por limitar al Estado, cualquiera que este Estado sea, con una Nueva Constitución.